“La serpiente cambia de piel, pero no de naturaleza” – Provervio Ruso.
La fiesta de año nuevo había sido perfecta.
La habían organizado para sus amigos (casi todos los de él, poquísimos de ella) e invitado a la familia (la de él, es claro), que asistió a pleno.
Él había pagado todo (me olvidé de contarles que durante todos estos años ella nunca había tenido que desembolsar un centavo salvo para regalos – que espontáneamente hizo – o para producción – requerida, casi obligada por el job description – y no, no piensen ni por un segundo que eso es algo bueno o caballero, porque – si bien es cierto que es un acto galante para muchos – no era necesariamente algo que él hacía para agasajarla, sino también (y en especial) para asegurarse el monopolio de las decisiones …).
Decía que él había pagado todo, desde los platos hasta las bebidas alcohólicas de cada uno de los casi 100 asistentes. La inversión lo justificaba porque para él era importantísimo demostrar quién tenía el control. Y así, logicamente, había podido invitar a la gente que le agradaba y evitado a las ruidosas amigas de India – nosotras, claro - que solían opacar las celebraciones importantes.
Habían contratado el uso exclusivo del Gran Bar Danzón, uno de los pocos sitios aceptados por el exigente mendocino y celebrado durante horas la llegada del 2006 con gran alegría. O, por lo menos, con suficiente alcohol y expresiones optimistas dichas en voz lo suficientemente alta y acompañadas por cacajadas estruendosas.
India conversaba con uno y con otro, sintiéndose dueña del lugar. Al final, le resolvía un poco la vida a su novio, que prefería dedicarse a entablar diálogo exclusivamente con las personas que él consideraba realmente inteligentes y que, como es de esperar, eran poquísimas: un escritor por acá, una modelo – devenida en actriz – esposa de un músico famoso por allá (mirá vos, al final resultaste cholulo…, tan intelectual que te decís)…
Utilicé esa palabra adrede (la palabra “novio”, claro) porque ese día India me había llamado desde la peluquería para decirme, emocionada que había ocurrido lo que ella había esperado por más de 5 años:
-“Vera, ¡No lo podés creer! – me dice al teléfono exaltada.
-¿Qué cosa no puedo creer? – pregunto tratando de escuchar su voz por atrás de los secadores de la peluquería.
-¡Que me dijo “novia” ! ¡Que , finalmente, me dio el título!
Exclamé algo así como –“Wow- quebueno-quebrillante-quefantástico!” mientras que pensaba – “queterriblehijodeputaél – y -conquepocoseconformalaboluda”
Pero la situación era peor de lo que suponía, porque cuando pregunté – “Y … ¿Cómo se dio? – me dijo:
-“Llamé a la casa y me atendió la mamá. Le dije “hola Greta, soy India, quisiera hablar con Duilio” y ella bajó el auricular y gritó – “Nene, tu novia al teléfono”. Ël atendió el teléfono diciendo: “India, ¿Cómo estás?” y….”
-“………” – se ve que suspiré muy fuerte, porque ella paro el relato y explicó:
-“Claro, ves, no se desdijo…. la madre dijo “TU NOVIA” y él no se desdijo”
-“Ahhhhhhhhhh” – me hice la que entendía pero pensaba en molotovs (esas son bombas, ¿no?) por primera vez en mi vida.
Volviendo a la fiesta de principio de año, la “novia” se sentía radiante, después de este (- ¿triste? Si. Triste.-) episodio que les relato.
Y – atención – necesito pedirles que no la juzguen antes de evaluar si muchas veces no se conformaron ustedes también con las migajas de los otros.
Así los quería agarrar…. ¿ven? -, todos lo hicimos alguna vez.
Sigo, entoces, sigo.
Todo transcurría de forma mágica, maravillosa y memorable para India hasta que él, ya promediando la noche, mientras le acariciaba el pelo le dijo lo siguiente:
-“Linda, me olvidé de contarte…. Me compre una Defe nuevita y mañana me voy 3 meses de viaje de offroad. Deseame suerte.”
India no sabía que coño era el offroad, que era una “Defe” y mucho menos entendía cómo Duilio podía avisarle que se iba de su vida 3 meses a vacacionar con quien sabe quien a quien sabe donde.
Se ve que él notó la cara de desconcierto y adivinó las lágrimas que empezarían a asomar en instantes porque le dijo:
-“Voy a extrañarte mucho, de hecho, no se cómo voy a hacer para vivir sin vos”
Y siempre así, siempre c0n el doble discurso a flor de labios.
Siempre el juego manipulador de decir discursivamente lo que no se vive o viceversa: la mala leche de hacer lo que no se dice.
India pasó el verano más oscurode su vida a partir de esa noche pero, claro, todavía no sabía que el 2006 iba a seguir peor, incluso, de cómo había comenzado.