“Así como toda carencia es desgracia, toda desgracia es carencia” -San Agustín (354-439) Obispo y filósofo.
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Hasta que la dicha los separe
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El estigma familiar, tercera parte: Mi prima Eve
“A human being’s made of more than air
With all that bulk, you’re bound to see him thereUnless that human bein’ next to you
Is unimpressive, undistinguished
You know who. . .Should have been my name
Mister cellophane
’cause you can look right through me
Walk right by me
And never know I’m there ” – Mr Celophane, Chicago
Mi prima Eve empezó a noviar por primera vez la semana pasada, cuando cumplió 25 años.
La edad podría haber sido considerada por nosotros como normal, habitual y hasta adecuada, si no hubiese sido porque ella lo sintió con 14 años de atraso.
Puede suceder que para ustedes, esta apreciación no tenga sentido, pero entonces necesitaré contarles los parámetros comportamentales que le marcaban claramente dicha demora:
Estándares que no había podido cumplir, un superyo, como tenemos todos que, en este caso particular, estaba marcado en forma significativa por el accionar de su hermana gemela, Eva.
Eva había sido primera y mejor en todo:
Había caminado antes, hablado antes, dibujado y cantado mejor.
Era la preferida de sus padres, de sus abuelos y tíos, de sus maestras y profesores y, eventualmente, también de los hombres.
Popular y precoz, Eva supo ser, desde chiquita, una hembra irresistible.
Rodeada de Adanes, le hacía justo honor a su nombre cuando, al igual que en el relato bíblico correspondiente, terminaba hipnotizándolos y significando la perdición de todos y cada uno de ellos.
Por oposición, Eve los hubiese llenado de dicha.
Si alguna vez, alguno de ellos, se hubiese detenido a verla.
Eso no pasó en 364 días y 24 años.
Por eso, el día en el que celebraba su cuarto de siglo, Eve se cansó.
Maquilló sus labios color carmín furioso y levantó la vista.
Salió a la puerta y se vendió al primer postor: Huberto, un adicto a sustancias ilegales, jugador y sin siquiera una pizca de buenos modales.
Para los entendidos, cualquier “sillón”.
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La génesis de la mala suerte serial. El estigma familiar, primer parte.
”Es tan corto el amor y es tan largo el olvido” - Pablo Neruda
Mi abuela Mimí dejó su España natal cuando tenía 17 años y su patria se quedó con sus hermanos hombres, con su caballo chueco, con sus amigas y amigos, con buena parte de su familia y con Joaquín, el amor de su vida.
Hasta que tuvo 27 años no se resignó a no volver. Soñaba con recuperar su Norte, deseaba desesperadamente ahorrar para escaparse de su nueva realidad sureña tercermundista pero, claro, habiendo emigrado hacia estos pagos, diez años de ahorro no alcanzaron para juntar para el pasaje en barco, ni mucho menos.
Una década de juventud malgastó en cartas que, cada semana, cruzaban el mar para intentar rescatar y preservar ese amor hacia este apuesto joven catalán, que había jurado eterno.
El amado en cuestión, aseguraba a quién quisiera oírlo, que tarde o temprano viajaría a su encuentro. Ella, que lo esperaría hasta que el ansiado encuentro fuera finalmente cierto.
Pero nada de esto se volvió realidad y si bien creían firmemente en sus compromisos y tenían voluntades férreas, el tiempo y las varias dificultades de la vida fueron complicando planes y postergando los sueños y la posibilidad de Mimí y Joaquín.
Un día de enero, mi abuela vio a mi abuelo Bernabé en los carnavales.
Era el único que no estaba de juerga. Parado al lado de sus amigos, el se destacaba por transitar las celebraciones sobrio, callado y sereno.
A Mimí eso le pareció correcto y decidió en segundos, dejar España finalmente atrás.
Unos meses después, Mimí y Bernabé estaban con compromiso firme y planes sólidos de una familia que no demoró en llegar.
Mimí siempre supo que no estaba enamorada y que nunca iba a enamorarse de Bernabé, su marido. Pero frente al miedo de ser solterona en un mundo machista y demasiado complejo para ella, un buen hombre cerca, que la cuidara y respetara era mucho mejor para ella que la triste y agónica inconveniencia del amor, que solo le pedía tiempo, que solo la hacía sufrir esperas demasiado largas, demasiado crueles.
No fue hasta mucho después de aquel carnaval que Mimí pudo volver a los pagos. Allí se enteró que su Joaquín, ese en quien jamás había dejado de pensar, se había suicidado en su taller de Cataluña, con apenas 32 años.
Dicen en el pueblo que entre sus cosas encontraron una carta a medio escribir, un pasaje en barco y un testamento que lo nombraba como heredero único de una finca en Tandil.
Cuando me puse a preguntar sobre el tema di con un primo lejano que me confirmó que en el pueblo todavía se recuerda la desgracia que ocurrió el mismo día en el que el cartero estuvo atareado, yendo de casa en casa, repartiendo participaciones con noticias frescas de cierta boda a realizarse en Buenos Aires.
La mala suerte serial existe en mi familia desde entonces.
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¿Hacer el duelo y ser amigos? La historia de Aleja, parte III
“…y a mi enterradme sin duelo, entre la playa y el cielo” – Mediterraneo, Joan Manuel Serrat
Yo venía leyendo sin siquiera respirar la historia de Alejandra, que empezó por un mail y siguió con otro.
Y a medida que leía me iba llenando de pena, de bronca, de intriga.
No iba a tener que postergar mucho mis ansias de saber como seguía su historia, ya que, apenas actualicé la pantalla del inbox, ya estaba recibiendo el final de la historia de esta nueva amiga virtual.
Ale decía:
Te imaginarás, Vera, que me negué.
Que viniera con ese pedido ya era como too much.
Le dije que resuelva sus historias.
Lo saqué carpiendo…
Y se estaba yendo, nomás. Vi su cuerpo salir de casa y acercarse a la escalera cuando dio vuelta la cabeza y mirándome a los ojos me dijo algo que nunca me voy a olvidar:
Juanjo: -“Siempre me dio la sensación de que aceptaste salir conmigo tan solo para paliar tu propia soledad, para rellenar el espacio”
Fijate, Vera, lo cruel de la situación:
Yo había sido feliz sola.
¡Hasta que me enamoré de un alguien que todo el tiempo pensó que yo lo había elegido para no estarlo!
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-”Necesito un tiempo” – Alejandra parte 2
“Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo.” - El principito, Antoine de Saint-Exupéry
- “Y , al final, terminamos siendo pareja. O algo similar” – Así termina el primer email de Alejandra
Intrigada por como sigue esta historia, abro el segundo email, entonces…
Y Aleja me cuenta un poco más:
…..
Al principio yo era algo fría y distante.
Era de esperar, tomando en cuenta que la relación venía indefinida y que una va con los sentidos alertas a partir de cierta edad, cuando ya nos hemos quemado algunas veces con leche.
Sin embargo, no pude resistirme mucho, porque en la intimidad éramos dinamita.
Puro ardor, fuego y pasión combinados con altas dosis de cariño, delicadeza y ternura… por un rato.
Porque me pasó algo que nos suele pasar a Las Desafortunadas: Cuando la historia ya llevaba algo así como dos meses y medio y yo ya podía considerarme enganchada, él empezó a desaparecer.
Repentinamente, luego de la fiesta de mi cumpleaños dejó de responder a mis mensajes y se ausentó durante toda una quincena.
Cuando finalmente conversamos me pidió “un tiempo”.
Aguantando un poco lo ridículo del planteo, lo dejé ir.
Volvió a llamarme unos días más tarde, para contarme que había vuelto a hablar con su ex novia, que estaba en Bélgica – hasta en otros paises Las Desafortunadas tenemos rivales -, que estaba confundido, porque creía, – nótese el uso de la palabra “creía” – , que se estaba enamorando de mí, pero que tenia presente a esta otra mujer de la que yo nunca había escuchado hablar.
Sin dar crédito, deseando que por una vez me mintiesen, me aparté de su camino. Unos primeros días de duelo y la soledad se volvía a sentir ok.
Pero Juanjo volvió.
A pedirme que continuásemos con la relación, mientras que se aclaraba la cabeza…
CONTINUARÁ…
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El ex de una amiga: la historia de Alejandra
“Mis hermanas son mis mejores amigas, mis mejores amigas son como hermanas.” – Eloísa Monsalve
Lo bueno de la virtualidad es que te permite ampliar la mirada, conocer otras realidades, aprender a sentirse menos sola con las experiencias de los otros.
Ayer entré a Facebook y tenía este mensaje de una de mis nuevas amigas: Como no puedo revelar su nombre, digámosle Alejandra…
El mail escribía así:
Vera
Yo no sé si esta es una historia digna para tu blog.
Pero, por lo menos a mi, ya me ha quedado claro que soy víctima de la mala suerte serial.
Incluso le he mostrado tu blog a mis amigas y ellas coinciden conmigo: somos parte de la casta de Las Desafortunadas y nos sentimos muy identificadas con tantas historias que podrían ser las nuestras.
Ahora mismo tengo el corazón hecho añicos y ocupado por el odio. Ya se que suena feo, pero es lo que siento: ¿Se puede odiar a alguien sólo porque te hace sentir desdichada, confusa?
Tengo ganas de hablar. Quiero compartir mi historia con vos y con todos de una manera limpia y sincera. ¿Me dirás, luego, si para vos vale la pena compartirla con otros?
Besos grandes,
Alejandra
Pues si, Ale, es una historia digna para el blog. Acá va la primera parte:
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El club de la mala suerte serial, vacantes limitadas
“But tell me does she kiss
Like I used to kiss you?
Does it feel the same
When she calls your name?
Somewhere deep inside
You must know I miss you
But what can I say
Rules must be obeyed” – The winner takes it all, Abba
Bandeja de entrada con nuevo mensaje.
De: Sofía.
Vera,
¿La mala suerte serial es algo así como que tu concubino de muchos años cancele la boda con invitaciones enviadas porque, después de ir al cine con vos a ver 2012 de repente crea en la predicción maya y te diga que – “ Total, son dos años, mejor esperemos a ver si se acaba el mundo” – y entonces se dedique a vivir la vida loca como un desquiciado que nunca antes fue e incluso venda la mayoría del ajuar que venían juntando hace tiempo por mercado libre (incluida tu batería de cocina sin estrenar, regalo de tu abuela) y deje de pagar el departamento que venían pagando en cuotas sin avisarte?
¿O que te guste mucho un muchacho y como crees que no tiene caso – es demasiado para vos – cuando te invita a su cumpleaños vas nerviosísima y te emborrachas mal, tanto que te terminás yendote de la fiesta en sus narices con su mejor amigo y después de pasarla mal con el energúmeno premio consuelo encontrás un mensaje en el contestador de tu celular, en donde, previo a la fiesta, el objeto de tu amor te dice que se moría por verte en la fiesta y que esperaba que pases con él la noche?
¿O que vos seas dueña, junto a tu chico, de una gata siamesa llamada britney y un día descubras en facebook fotos de una amiga” de él con TU gato tageado como “su hijo”?
¿Es eso la mala suerte serial?
Si es así, ¿aceptan más miembros en el club?
Quiero ser socia fundadora.
Besos,
Sofía
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receta para tratar con hombres celosos
“El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad.” – Marcel Proust
Lo que pasó cuando Pampa vio plasmada la historia de Filomena en el último post es que ella, siendo la eximia contadora que es, quiso que también cuente la historia de Ernestina, simplemente para armonizar la balanza, para equilibrar el peso. Se sabe que la necesidad de equilibrio es una de las principales búsquedas de la profesión del Debe y del Haber, con lo cual no quise oponer resistencias.
Entonces, acá va, a pedido de ella:
Ernestina, hermana de Filomena, fue siempre la hermana linda.
Mientras que a Filo la querían por modosita, simpática y bien educada a ella le alcanzaba simplemente con su belleza usada como pasaporte al lado “A” de nuestros círculos sociales.
La reina de la primavera, la que siempre era invitada a bailar primero en los asaltos, la que no hacía fila y pasaba gratis en la matinée, la que tuvo novio de 5to en primer año, la liberada en el viaje de egresados.
Su sonrisa derretía el hielo más ártico, sus piernas paraban el tránsito, sus uñas rojas eran impecablemente sensuales.
Con cabello largo que comprometía la respiración de más de uno y escotes que, al provocar taquicardia segura, no eran aptos para cardíacos.
Famosa por sus polleras cortas y sus tacos de 10 centímetros, Ernestina era feliz hasta que conoció a Guillermo.
Guillermo, que una vez que la volvió “Su” Señora, la sintió parte de su propiedad. Como si, libreta de por medio, la hubiera adquirido para su consumo exclusivo.
Como poseído por un Mr Hyde celoso, empezó a fijar reglas de comportamiento, normas y manual de uso del papel de esposa fiel y responsable.
Fue así que desde que Ernestina se casó ya no pudo trabajar, ni salir con sus amigas, ni usar tacos, escotes o esmaltes rojos en sus nuevas uñas – ahora cortísimas.
Las polleras pasaron a ser largo Chanel, los colores estridentes fueron apartados del guardarropas.
Ernestina acató sin resistirse. Para ella también casarse significaba “atarse“. Ser era, de alguna manera, obedecer.
La vimos hace poco, caminando al lado de su marido, empujando el chango del supermercado.
Nos costó reconocerla: Ella, la más linda de todas, ahora una mujer en batón que era dos veces el tamaño original de la hermana de Filomena.
A tres años de casada, Ernestina lleva subidos 54 kilos de pura angustia.
Y Guillermo todavía vigila.
Sufre, porque no sabe como hacer para que no la mire nadie.
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Aprenda como convertirse en muñeca inflable
“Ain’t no sunshine when she’s gone.
It’s not warm when she’s away.
Ain’t no sunshine when she’s gone
And she’s always gone too long anytime she goes away“- Bill whithers
Filomena era bellísima cuando la conocí. Una pelirroja natural dueña de los ojos verdes más lindos del mundo.
Aunque no era de naturaleza provocativa tenía mañas y modales felinos que fueron los que, justamente, atrajeron a Juan hacia ella.
Juan (o, en realidad, el Dr Juan Andrés Ollarzabal, phd, cirujano plástico de las celebrities) pudo hacer a un lado las pecas, los rulos y los kilos de más de la mujer que se sentó frente a él en el bar.
Imaginósela con nuevo escote y boca rellena, con cejas arqueadas y lipo “puesta”. Y la eligió así, como quien escoge materia prima de calidad:
- Altura correcta: Check
- Tamaño de las manos: Check
- Caudal de cabellera: Check
Primero fue convencerla de la depilación definitiva y del peeling químico. Luego del alisado permanente y del colágeno en los labios. Un mes después de eso Filo ya lucía algo botoxeada y con la expresión un tanto más rígida. Al verano siguiente delantera nueva y abdomen chato.
Dejé de verla ese año, se fue poniendo aburrido escuchar de intervenciones y pozos operatorios, de protección solar y dietas pre quirúrgicas.
Cuando la volví a ver, Filomena había desaparecido.
En su lugar estaba Barbie sin su color de pelo rojo zanahoria, ni sus pecas, ni su arruga de entrecejo. Toda tuneada, toda producida, no exagero diciendo que sus ojos verdes ya no brillaban como antaño. Una amiga a base de dietas líquidas y tratamientos dermoabrasivos.
Como es de esperarse hubo un día, años después, en el que el Dr Juan Andres Ollarzabal, phd, cirujano plástico volvió a ser solo Juan. Y se aburrió de su muñeca inflada. Se enamoró de una hippie antropóloga que, trabajando para su tesis de doctorado, lo cuestionó fuertemente en sus métodos y ética.
Barbie Filomena se quedó sola solo unos días. Enseguida encontró refugio en los brazos de otro hombre que hoy también la utiliza de trofeo: no le pide opiniones, pero le regala joyas. No la escucha, pero tampoco la conoce, aunque si le da extensión de su Amex Gold.
Filomena, la que era mi amiga, se perdió para siempre.
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Los anteojos de Lana: mirando la vida con prismas de colores
”No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi.” - Rayuela, Julio Cortazar
Lana ve la vida con anteojos. Pero, en lugar de ayudarla a ver mejor, sus varios pares van tiñendo su realidad de maneras diversas, volviendo sus días más o menos tolerables según el filtro a través del cual observa aquello que la rodea. Así, al cambiar de gafas pasa de feliz a triste, de pasiva a productiva, de peor a mejor y viceversa.
Cuando le toca un día de anteojos rosas aparece la Lana enamorada. De si misma, del hombre que tenga al lado (sea o no un digno merecedor de tal afecto), de la vida. En las calles citadinas escucha pájaros cantar. En plena tormenta vive románticamente el golpeteo de las gotas de lluvia contra los cristales. Los perfumes son más agradables, las flores más perfectas y los vecinos más amables. Compra regalos y cocina de dedicadamente para quienes ama. prende velas. No se siente sola. Hace dieta porque simplemente no tiene hambre. Flota, vuela, en los días de anteojos rosas.
Los días de anteojos azules acontece Lana triste. Nostálgica y depresiva llora y come compulsivamente chocolate. No quiere salir de la cama y arrastra los pies. somatiza todo y cree que se va a enfermar. En estos días siente que todo tiempo pasado fue mejor y que no hay forma de salir del espiral descendente. Los días azules Lana sufre y sufre y sufre por lo que perdió.
Claro que también existen días negros en donde despierta Lana furiosa. Delante del ciego antifaz no hay nada y la vista nublada no permite esperanza ni paz. El mundo es de una oscuridad total y en él todo se cae y se derrumba por igual. Una jaqueca es un cáncer en potencia y la pelea con una amiga es definitiva. En el mundo negro Lana no sabe pedir perdón ni aceptar una culpa: quiere destruir y tiene fuerzas para arrazar con todo y con todos. Es irónica, mordaz, perra. Está cansada, está enojada, harta, molesta. No aguanta más y desespera.
Hay días de anteojos amarillos en donde Lana intérprete psicoanaliza e interpreta lo que ocurre según su tamiz. Hace listas de teorías conspirativas, saca conclusiones y asigna valor. Pesa, mide, registra. Cree que tiene todas las respuestas. No confía ni en su madre ni en la Biblia ni en la dieta de la luna. Anota cuidadosamente en el debe de su libro diario todo aquello que hace por los otros, esperando poder cobrar el tiempo y los recursos invertidos.
Con los anteojos verdes aparece la Lana enfrentada, enervada, envidiosa. Con los violetas la Lana compasiva, fiel, generosa. Con los Bordeaux la payasa, fiestera, alma de las fiestas. Con los Lima la soñadora empedernida que no conecta con la realidad. Con los naranja la artista. Con los Rojos la apasionada.
En la vida de Lana hubo varios intentos frustrados de amor:
- El príncipe encantador solo la quiso en rosa.
- El conspirador la amó amarilla y el nostálgico compensó con adoración los anteojos cristal bordeaux.
- El optimista la quiso rescatar del negro…
Pero ninguno de ellos la quiso en technicolor.
La amaron en una o dos de sus facetas, pero nunca por completo. Y su historia de Mala Suerte Serial tiene que ver con no poder encontrar a ese que entienda que, finalmente, los lentes son solo lentes.
Que fácilmente puede correrle el pelo, quitárselos y dejarlos descansando en la mesa de luz .
Al menos hasta el otro día.
Este post dedicado especialmente en su cumpleaños a @sebasp
Sin vos, Sebas, no habría blog ni Vera. Danke.
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