26 Enero 2010

Aprenda como convertirse en muñeca inflable

Ain’t no sunshine when she’s gone.
It’s not warm when she’s away.
Ain’t no sunshine when she’s gone
And she’s always gone too long anytime she goes away
“- Bill whithers

Filomena era bellísima cuando la conocí. Una pelirroja natural dueña de los ojos verdes más lindos del mundo.
Aunque no era de naturaleza provocativa tenía mañas y modales felinos que fueron los que, justamente, atrajeron a Juan hacia ella.

Juan (o, en realidad, el Dr Juan Andrés Ollarzabal, phd, cirujano plástico de las celebrities) pudo hacer a un lado las pecas, los rulos y los kilos de más de la mujer que se sentó frente a él en el bar.
Imaginósela con nuevo escote y boca rellena, con cejas arqueadas y lipo “puesta”. Y la eligió así, como quien escoge materia prima de calidad:

  • Altura correcta: Check
  • Tamaño de las manos: Check
  • Caudal de cabellera: Check

Primero fue convencerla de la depilación definitiva y del peeling químico. Luego del alisado permanente y del colágeno en los labios. Un mes después de eso Filo ya lucía algo botoxeada y con la expresión un tanto más rígida. Al verano siguiente delantera nueva y abdomen chato.
Dejé de verla ese año, se fue poniendo aburrido escuchar de intervenciones y pozos operatorios, de protección solar y dietas pre quirúrgicas.
Cuando la volví a ver, Filomena había desaparecido.

En su lugar estaba Barbie sin su color de pelo rojo zanahoria, ni sus pecas, ni su arruga de entrecejo.  Toda tuneada, toda producida, no exagero diciendo que sus ojos verdes ya no brillaban como antaño. Una amiga a base de dietas líquidas y tratamientos dermoabrasivos.

Como es de esperarse hubo un día, años después, en el que el Dr Juan Andres Ollarzabal, phd, cirujano plástico volvió a ser solo Juan. Y se aburrió de su muñeca inflada. Se enamoró de una hippie antropóloga que, trabajando para su tesis de doctorado, lo cuestionó fuertemente en sus métodos y ética.

Barbie Filomena se quedó sola solo unos días. Enseguida encontró refugio en los brazos de otro hombre que hoy también la utiliza de trofeo: no le pide opiniones, pero le regala joyas. No la escucha, pero tampoco la conoce, aunque si le da extensión de su Amex Gold.
Filomena, la que era mi amiga, se perdió para siempre.

20 Enero 2010

Los anteojos de Lana: mirando la vida con prismas de colores

 ”No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi.” - Rayuela, Julio Cortazar

Lana ve la vida con anteojos. Pero, en lugar de ayudarla a ver mejor, sus varios pares van tiñendo su realidad de maneras diversas, volviendo sus días más o menos tolerables según el filtro a través del cual observa aquello que la rodea. Así, al cambiar de gafas pasa de feliz a triste, de pasiva a productiva, de peor a mejor y viceversa.

Cuando le toca un día de anteojos rosas aparece la Lana enamorada. De si misma, del hombre que tenga al lado (sea o no un digno merecedor de tal afecto), de la vida. En las calles citadinas escucha pájaros cantar. En plena tormenta vive románticamente el golpeteo de las gotas de lluvia contra los cristales. Los perfumes son más agradables, las flores más perfectas y los vecinos más amables. Compra regalos y cocina de dedicadamente para quienes ama. prende velas. No se siente sola. Hace dieta porque simplemente no tiene hambre. Flota, vuela, en los días de anteojos rosas.

Los días de anteojos azules acontece Lana triste. Nostálgica y depresiva llora y come compulsivamente chocolate. No quiere salir de la cama y arrastra los pies. somatiza todo y cree que se va a enfermar. En estos días siente que todo tiempo pasado fue mejor y que no hay forma de salir del espiral descendente. Los días azules Lana sufre y sufre y sufre por lo que perdió.

Claro que también existen días negros en donde despierta Lana furiosa. Delante del ciego antifaz no hay nada y la vista nublada no permite esperanza ni paz. El mundo es de una oscuridad total y en él todo se cae y se derrumba por igual. Una jaqueca es un cáncer en potencia y la pelea con una amiga es definitiva. En el mundo negro Lana no sabe pedir perdón ni aceptar una culpa: quiere destruir y tiene fuerzas para arrazar con todo y con todos. Es irónica, mordaz, perra. Está cansada, está enojada, harta, molesta.  No aguanta más y desespera.

Hay días de anteojos amarillos en donde Lana intérprete psicoanaliza e interpreta lo que ocurre según su tamiz. Hace listas de teorías conspirativas, saca conclusiones y asigna valor. Pesa, mide, registra. Cree que tiene todas las respuestas. No confía ni en su madre ni en la Biblia ni en la dieta de la luna. Anota cuidadosamente en el debe de su libro diario todo aquello que hace por los otros, esperando poder cobrar el tiempo y los recursos invertidos.

Con los anteojos verdes aparece la Lana enfrentada, enervada, envidiosa.  Con los violetas la Lana compasiva, fiel, generosa. Con los Bordeaux la payasa, fiestera, alma de las fiestas. Con los Lima la soñadora empedernida que no conecta con la realidad. Con los naranja la artista. Con los Rojos la apasionada.

En la vida de Lana hubo varios intentos frustrados de amor:

  • El príncipe encantador solo la quiso en rosa.
  • El conspirador la amó amarilla y el nostálgico compensó con adoración los anteojos cristal bordeaux.
  • El optimista la quiso rescatar del negro…

Pero ninguno de ellos la quiso en technicolor.

La amaron en una o dos de sus facetas, pero nunca por completo.  Y su historia de Mala Suerte Serial tiene que ver con no poder encontrar a ese que entienda que, finalmente, los lentes son solo lentes.
Que  fácilmente puede correrle el pelo, quitárselos y dejarlos descansando en la mesa de luz .
Al menos hasta el otro día.

Este post dedicado especialmente en su cumpleaños a @sebasp
Sin vos, Sebas, no habría blog ni Vera. Danke.

11 Enero 2010

Duilio e India: el casamiento se pone en marcha

Pollerita colorada color de aji
De verde te ando pidiendo que digas si
De verde te ando pidiendo que digas si
Mita’ pa’ mi, mita’ pa’ vos
Cuando nos casemos va a llover arroz
Mita’ pa’ vos, mita’ pa’ mi
Ahi te ando deseando pero me mentis
“  – Polleritas , pero cantada por Mercedes Sosa.

Los teléfonos de India no paraban de sonar.
Pero no solo eso interrumpía el silencio: también se escuchaba, de tanto en tanto, el llanto – seguido de suspiros – seguido de algo de silencio – seguido de más llanto- en el departamento de nuestra amiga.

Aunque además de los teléfonos y lamentos también sonaba el timbre.
Desde hacía horas, tal vez días, en forma asincrónica y aleatoria llegaban envoltorios conteniendo regalos a la portería,  R.S.V.P.s confirmando o desconfirmando lugares en La Fiesta, salutaciones por correo y visitas sorpresa de amigos en común que pasaban para brindar felicitaciones.
Hubo flores, desayunos a domicilio y varias otras muestras de cariño hacia India.

Nosotras, queríamos evitar tamañas demostraciones de afecto a toda costa, pero veíamos desafiada, a cada rato, nuestra capacidad logística para contener, reaccionar, montar operativos de rechazo y/o de rescate. Definitivamente, no estábamos preparadas para este fenómeno.

Fenómeno que empezó pasado exactamente un mes del día de regreso de Duilio, cuando la mayoría de las invitaciones para el Big Day habían sido repartidas. Sucede que quienes las recibieron asumieron (erróneamente, ya a esta altura es obvio) que quien se casaría con el hombre en cuestión era India.

Pero no subestimemos a los invitados, no señor. Porque si bien la participación rezaba:
-“Duilio y Mayra participan a Usted de su enlace… Etc”, a esta altura supongo que ya todos adivinaron que “India” es solamente un sobrenombre divertido que ella lleva con elegancia. Los participados a la boda de Duilio y Mayra solamente entendieron que Mayra era solamente el verdadero nombre de nuestra desgraciada protagonista.
Fue así que ella vivió el lado oscuro de tener un apodo tan poco claro y tuvo que enfrentar no solo el duelo planteado por el abandono del sujeto que había sido objeto de su absoluto amor durante seis años sino también todos los “OHHHs” y “AHHH!” y “¿Cómo pudo?” y  “Pobrecita….” de quienes se iban enterando de que no era ella quien iba a dar el si.

Una pesadilla vuelta realidad, en pleno mes de abril.

7 Enero 2010

Salma, Estratega. Parte 2

De pocas partidas he aprendido tanto como de la mayoría de mis derrotas” – José Raúl Capablanca

Tomando el te al abrigo del aire acondicionado, en este verano fatal,  mi amiga Salma y yo teorizábamos, una vez más, acerca de las elecciones, el amor y, por supuesto, la mala suerte serial.

Pasa en el ajedrez, pasa en la vida” – dijo, mientras que sorbía de a poco su te de jengibre. -“Yo creo que entiendo a donde es que nos equivocamos una y otra vez  ”.

La miro, como desafiándola. Ella está acostumbrada a mis malos modales y me ignora elegantemente.

-“Me parece que, de modo sistemático, elegimos mal las batallas por las que vale la pena pelear.”
Y, mientras que habla, se dispone a ejemplificar, abriendo la caja del juego que ella más adora,  desdoblando el tablero y empezado, tranquilamente, a acomodar las piezas.
Sostiene a La Reina con ternura en sus delicadas manos mientras que reflexiona:

-El problema, Vera, es que las muchas veces mal llamadas “Reinas” nunca juegan a favor de si mismas. Heroicas, dejan todo por El Rey: Son excelentes compañeras y se mueven, frenéticas, en pos de su voluntad, defendiéndolo, cuidándolo, atendiéndolo.
Un rey que las ha hipnotizado por su porte erguida, por su estatus, sus modales, su brillo, su elegancia natural. Un rey que las seduce pero que no les aporta nada: son ellas las que renuncian, las que dejan todo por él. Muchas veces pareciera que el rey domina pero, fijate vos, él no tiene poder real.
Son las reinas las que salen al mundo, las que van por más, enamoradas de la idea de ser pareja del candidato ideal, ponen todo de si mismas para construir un futuro ideal, cubriendo los flancos, librando el futuro de amenazas externas.”

Acomoda a la esbelta fémea en el tablero, al lado de su rey y lo mira con recelo:
-“Mientras tanto, el Rey, limitado, contempla el hacer de su dama, critica desde la inmovilidad, gobernándolo todo desde la ignorancia de quien está en la retaguardia. No sale jamás a la realidad del mundo y, cuando se siente amenazado huye, clamando por ayuda de terceros.”

Yo aporto mi propia observación de los hechos:
-“Suele pasar que no todo lo que brilla es oro, que esa reina hubiese sido pareja de un Alfil, por ejemplo, que al menos es veloz y puede acompañarla parte del camino” – digo y sonrío altamente satisfecha con mi deducción.

Pero Salma es mucho mejor que yo y lo demuestra nuevamente cuando, como quien no quiere la cosa, se inclina sobre el tablero y selecciona a un peón negro. Saltando las casillas de una en una lo lleva hasta el extremo contrario del tablero. Levanta entonces al abnegado jugador y lo retira del juego. Pone en su lugar a La Reina y me dice con ternura:
-“No, Verita, la mejor elección es El Peón. Se que parece poco glamoroso y hasta conformista pero, observá los hechos de cerca: Un tipo igual a tantos pero capaz de cruzar el mundo por su reina. Un hombre que siempre va adelante y que no duda en arriesgarse por amor. Un caballero como los que ya no hay muchos, que, cuando es exitoso, sacrifica su vida para devolverle el lugar merecido a su mujer. Alguien que trata a la reina mejor de lo que ella se trata a si misma…”

Levanta la vista y ambas, en conjunto, resignamos el Rey.
Entiendo las metáforas.
No habíamos hablado de ajedrez en toda la tarde.

30 Diciembre 2009

Ana y las fiestas

Estoy solo y no hay nadie en el espejo” – Jorge Luis Borges

Ana odiaba las fiestas.
Le parecían una época frívola y demencial de deseos falsos a no amigos. De propósitos que nunca iban a cumplirse. De trivialidad.
Le molestaba muchísimo que hubiese un momento del año dedicado a comer de más, a sobrevivir el caos en shoppings, supermercados y afines y a llenar la agenda de planes chinos para los que las horas del día parecen no alcanzar.
La malhumoraba el calor absurdo capaz de hacer convertir la simple rutina diaria en odisea épica en la soporífera Buenos Aires.
Despotricaba cuando, frente a la llegada de Diciembre, en su trabajo se jugaba el “Amigo Invisible” que siempre la obligaba a regalarle algo a quien menos soportaba, hacían la cena de la oficina y el mejor programa posible era emborracharse gratis para no sufrir. 

Ana odiaba las fiestas por varias razones pero principalmente porque las fechas festivas la enfrentaban de una manera estrepitosa, injusta y cruel con su propia soledad.
La soledad de las reuniones de fin de año con amigos, a donde siempre era causante del número impar.
La soledad de ser interrogada por grupos de desconocidos en la forma de ex compañeros de la primaria y de la secundaria en reuniones de reencuentro en donde nadie tenía otra cosa que revolver que no fuese el pasado. Responder  – “No, ya hace 3 años que Felipe y yo no estamos más juntos, si, si, estoy bien, no te preocupes. Si, yo también pensaba en ese momento que era el hombre de mi vida pero ya ves….”
La soledad de morderse los labios para no actuar cuando escuchaba por teléfono a su viejo hablando con la parentela de Italia que no, por ahora no hay ningún bambino en la familia, que no sabe si va a vivir para ser nonno.

Ana odiaba las fiestas hasta este año en el que decidió parar:

  • No fue a ninguna de las reuniones de amigos.
  • No regaló porquerías y, en cambio, lo que compró fue para ella.
  • Avisó para que no la tengan en cuenta para el amigo invisible y, con una sonrisa, todos en la oficina comprendieron que no era algo que combinase con ella.
  • Pasó por al lado de su padre y cuando lo escuchó lamentarse,  manoteó el auricular del teléfono y le hizo saber a su tía de Italia que si querían compañía familiar, ella sugería fuertemente que se compraran una mascota.
  • A todos los que quisieron información acerca de su soltería en las diversas reuniones a las que asistió, ella les retrucó que si, que la vida era linda para las singletons y que aún soltera se divertía como loca. Además, contraatacó preguntando si era cierto que, después del casamiento, la vida sexual de las parejas se terminaba y cuánto hacía que no iban a ver una película al cine que no fuera de Disney.
  • Está comiendo sano. No dejó de ir a correr. No se endeudó con las tarjetas.
  • Abrazó a su mamá cuando este año le dijo: -“Ya te va a llegar, este es el año” – comprendiendo que ella no iba a poder librarse de su estructura.
  • Listó lo mejor del año y vio el vaso medio lleno por primera vez en mucho tiempo.
  • No se prometió ninguna cosa imposible como New Year Resolution.
  • Vio a las amigas que tuvo ganas de ver. De hecho, mañana me voy con ella a sacar fotos en San Telmo. Si nos dan ganas, claro.

¿Les conté de Ana? Ama las fiestas.

28 Diciembre 2009

Duilio e India: Enfrentarse con la realidad de que no te amó nunca

“Wednesday morning at five o’clock
as the day begins
Silently closing her bedroom door
Leaving the note that she hoped would say more
She goes downstairs to the kitchen
clutching her handkerchief
Quietly turning the back door key
Stepping outside she is free ” – She´s Leaving Home, The Beatles

La caída

Las diez llegaron tan rápido que ese día pareció tener muchas menos horas que las aceptables.

India había quedado suspendida en el mail de Duilio, como quien gravita en un espacio en donde no hay nada.

Había pasado la tarde y ella no había vuelto a pronunciar palabra. O tomado agua. O comido algo. O fumado. Inferíamos que respiraba porque la vimos parpadear un par de veces, pero ni de eso estábamos seguras.

Horas antes, alertadas del estado catatónico-emergencial de nuestra amiga por Florcita, su secretaria – que había sospechado eventualmente de que algo grave le acontecía a su jefa al notar una ausencia total de movimientos en la oficina de la gerente de marketing – Pampa y yo habíamos ido a rescatarla de su puesto de trabajo. Antes de que la crisis nerviosa llegara. Antes de que las pérdidas a lamentar sean mayores (*)

(*) Porque sabe Dios que hay algo peor que te rompan el corazón en diez mil partecitas y eso es que – además – te tilden en la oficina de ser emocionalmente inestable. Reconozco que este asunto es más dominado por Miss York pero me animo a esbozar una pequeña teoría: Si tu jefe directo (hombre o, a veces peor, mujer) te ve llorando en tu escritorio – y no hablo de escándalo publico en la recepción de la multinacional americana o delante del grupo de periodistas o arriba de un escenario… no, simple llanto solitario en el escritorio – no solo ese año no serás promovida sino que tu puesto, a partir de ese momento corre grave peligro de extinción. No importa lo buena que seas, no importa tampoco el motivo del llanto – vale lo mismo lágrima derramada por haber perdido las llaves de tu casa, por la uña quebrada, por el novio de seis años que se enamora de otra y te dice que “antes nunca estuve, así enamorado, no sentí jamás esa sensación” cantando al estilo Ortega. Es irrelevante que trates de explicar o resarcir: estás muerta, frita, acabada. Tu carrera is finished, kaput, game over.

Fue así que dejamos apartadas agendas laborales bastante complejas (algo mucho más simple de hacer para mi, que odio mi trabajo, que para Pampa, que lo adora) y llegamos a la Prestigiosa Empresa Americana de Consumo Masivo en busca de India.

La arrastramos al auto como pudimos y la llevamos al departamento en donde vive, mientras que teorizábamos sobre la hoja impresa del último mail de Duilio y ella, con leves – casi imperceptibles – asentimientos o negaciones de cabeza que nos respondían las preguntas que iban aclarando los hechos.

Cuando a las diez Duilio tocó el timbre estábamos las tres custodias (Carla había llegado también, claro) de India un poco abatidas porque no conseguíamos determinar qué sugerir, proponer, aconsejar a nuestra amiga.

Pero el sonido del timbre la despabiló y ella, casi dignamente, se levantó, agarró cartera y puchos y se dirigió hacia la puerta.

Y solo dos horas después, volvió a escucharse la voz de India, temblorosa, cuando de vuelta de su encuentro con el desamor, nos dijo, todavía azorada:

-“No solamente está enamorado. No. Además va a casarse en tres meses”.

Nos quedamos en silencio unos minutos, mirándola. Ella retomó la palabra, entonces:

-“Y quiere que sea testigo de su casamiento” –

Y la vimos caer al piso, desmayada.

24 Diciembre 2009

Duilio e India: Enterarse de una infidelidad

El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad.” – William Shakespeare

La llamada

No le dijimos nada.
Ni Carla, ni Pampa, ni yo pudimos abrir la boca.
El saber cuanto iba a dolerle la noticia nos hizo concluir eventualmente que lo mejor era darle la oportunidad de hablar al mismísimo Duilio. Tiempo al tiempo. Al final, el que había sido descubierto in fraganti y a plena luz del día era él. Sabía que Carla lo había visto. Sabía que sabíamos.
El episodio “Pelirroja”, igualmente, nos acechó en forma frecuente durante la primera quincena de marzo mientras que intentábamos preparar el terreno y planear como reaccionar cuando ella se enterara – en el inminente “plan rescate” de India.

Esperábamos que Duilio se diera cita con nuestra amiga y como respuesta a la pregunta –“Amor, ¿Cómo la pasaste? – él dijera: -“Al final me fui a Mendoza y te engañé con la reina de la vendimia – o algo así. 
India iba a entristecerse, nosotros a emborracharla, iban a pasar unos días, tal vez unos meses en donde todos los días íbamos a dejarle tuppers de comida en el portero o a obligarla a sacarse el jogging y a lavarse el pelo, según el caso.
Lo habitual, been there, done that.

Pero la realidad fue peor a lo que suponíamos, por supuesto:
Apenas el hombre en cuestión pisó suelos porteños llamó ciertamente a nuestra amiga.
Pero India no estaba al otro lado del teléfono. Mientras que ella compraba ropa para el gran reencuentro, el teléfono sonó en su cartera hasta que ella eventualmente vio las llamadas. Devolvió el llamado inmediatamente pero el inconsciente la hizo discar el teléfono de la casa de Duilio, no el celular.

El teléfono fue atendido al primer ring.
-“¡Hola Amor!, ¡No había escuchado el teléfono!¡Volviste! – dijo ella en un segundo, sin hacer pausa ni para dejar entrar aire a los pulmones.
- “Hola, vos debés ser India” – le dijo una mujer del otro lado.
India la cortó en seco: – “ Si, Blanca, claro que soy yo. Páseme por favor con el señor”.- respondió nuestra amiga, ansiosa, con modales discutibles, pensando que hablaba con la señora que frecuentemente limpia el hogar de su enamorado.
- “Mi nombre es Mayra” – del otro lado de la línea la pelirroja se dio a conocer. “¡Tengo tantas ganas de conocerte, Duilio me habló tanto de vos! ¡Y en su casa por todos lados hay huellas tuyas!

…..

India no recuerda mucho más, pero parece que la conversación se prolongó unos buenos 10 minutos.
Cuando cortó, temblando, apagó el celular y se dirigió a su casa.

En la computadora, al llegar, encontró un mail de Duilio que decía:

Subject: Quise avisarte.
Lamento el mal momento.
Me enamoré por primera vez. Quiero contarte.
Necesito verte. Paso a buscarte esta noche a las diez.

22 Diciembre 2009

balance del año: terapia y amigas

El que no arriesga no gana dijiste
el que arriesga puede morir por amor”
– Loco por volverte a ver, Las pastillas del abuelo

-“¿Qué harías si supieras que esta vez todo va a terminar bien?” – me preguntó el pasado sábado mi brillante psicóloga.

-“Qué le dirías a esa Vera que actúa casi con la certeza de que le aguarda un próximo fracaso amoroso? ¿Cómo la aconsejarías para que pueda identificar una situación nueva, mejor, diferente?

Noté como me miraba, a pesar de estar tendida en su diván. Dejó pasar unos segundos y volvió a la carga:

-“¿Qué pasa cuando eso que tanto esperabas, finalmente llegue?”

Es bicha, mi terapeuta: tiene unas intervenciones fantásticas. Irrita y con frecuencia es tan punzante que dan ganas de mandarla lejos, salir corriendo, huir.

Me quedo en silencio. No se que responderle.
Sabe que dio en la tecla, una vez más:

-“Si no te preparás para ver algún día algo diferente, no vas a detectarlo. Si no te animás a vivir algo nuevo con ojos más ingenuos, como si fueras más inexperta, como si no te hubiesen lastimado, la posibilidad te va a rodear y vos la vas a dejar pasar.”

Me animé a hablar:

-“¡Es que tengo miedo! ¡Nunca antes funcionó! … ¿Por qué esta vez podría ser distinta?”

 
Entendió:

-“Vera, todo puede pasar: la vida falla. No hay infalibilidad. Tenés un trabajo, un novio, una familia y en un momento, inesperadamente, los podés perder. Podés perder hasta tu salud. Tener, concientemente, significa obligarse a convivir con el miedo de perder.

Pero no podés estar dominada por el miedo. Paralizada por la posibilidad de perder.

Veo que ya no querés arriesgar más. Veo que te volviste cínica, escéptica, ciega a las posibilidades. Así solo estás resolviendo el enigma para el lugar del cumplimiento de tu auto-profecía: te vas a quedar sola. Tu mala suerte va a girar en loop, realimentándose de tus propias convicciones…”

Salgo de terapia y llamo a Carla que me dice:

-“¿Sabés que, Vera? Igual prefiero ser de las que vuelven a creer, de las que queman las naves. Es cierto, vuelven a perder… pero al menos les pasan cosas. Quien sabe si, el día en que nos llegue la buena racha, al menos esta experiencia nos va a servir para identificar lo que no queremos. Llamame loca, pero prefiero “triste” a “conformada”, prefiero “dolida” a “muerta”.

You can say I´m a dreamer, but I´m not the only one… je.

Disclaimer: se que hoy iba a postear más sobre Duilio e India, pero lo dejo para mañana. Esto va por vos, Carla.

18 Diciembre 2009

Duilio e India: saber que una amiga fue traicionada

-“Yendo de la cama al living
…sientes el encierro
” – Charly García

India tenía que pasar el verano.
Sin Duilio, pero además, sin ser capaz de sentirse libre lo suficiente para hacer su vida.
 
Al verla moverse como a quien soporta una pesada carga, nosotras nos preguntábamos cuándo era que él iba a largarla, de una buena vez.
También, claro, la increpábamos en una y otra oportunidad para que se haga valer como mujer y tome la decisión de dejarlo ella. Pero hablarle era algo sin sentido: ella no veía, no escuchaba, no razonaba… estaba hechizada.
Sola en Buenos Aires y capturada por un tipo que estaba abriendo caminos en el Norte Argentino sin ningún tipo de remordimiento ni nostalgia por su Penélope porteña.

Ella, como sonámbula, como autómata, como en trance: trabajaba, dormía, trabajaba. Cuando cerraba los ojos fuerte a la noche deseaba que la vida le pase más y más rápido.
Lo extrañaba en el cuerpo y le dolía la panza y la cabeza de elucubrar situaciones posibles de reencuentros y pesadillas de probables desencuentros.

Desde muy lejos, algunas escuetas noticias la mantenían viva. Un mail, un llamado, una foto… todo muy escaso para saciar la sed de Duilio, que cada vez era mayor.
Pero la llama se mantenía viva… porque el vaivén sentimental coincidía como por arte de magia con los tiempos de tolerancia de mi amiga: justo cuando ella estaba por levantar la cabeza él volvía a llamarla con relatos indianajonescos y ella volvía al ensimismamiento, a la espera.

Ya habíamos aprendido a convivir con las sombras de nuestra amiga, que cada vez más se parecía a otra mujer que no era ella.

Hasta el jueves 3 de marzo, cuando a dos semanas de la fecha que marcaba el regreso en el almanaque hace tantos meses, recibimos las llamadas:
Una de la tarde, calor, microcentro, almuerzo de amigas en Aroma. Pampa y yo brainstormeábamos juntas cuando sonaron a la vez: mi celular y el de ella:

En el mío, hablaba India, confesando que se había tatuado las iniciales de Duilio en el cuerpo.

En el de ella, Carla, de vacaciones en Mendoza, le relataba alterada algo que apagó la mirada de Pampa casi repentinamente.

Dejé de enojarme con India por tan estúpida decisión cuando vi que Pampa estaba blanca, sin reacción.

Le saqué el celular y escuché a Carla York admitiendo, desgarrada, que en el tour de bodegas de esa mañana se había topado con Duilio.
Dulio en Mendoza, no en Salta. Duilio sin polvo, sin Defe, sin offroad…. y besando apasionadamente a una pelirroja.

17 Diciembre 2009

Por qué el seudónimo

 ¿A dónde huir? Tú llenas el mundo. No puedo huir más que en ti” -  Marguerite Yourcenar

No. Esta no es la historia de alguna de mis amigas. Acá estoy simplemente yo, contando un poco las razones por las que escribo con pseudónimo.

Es un video que hice para #mujeresonlinelatam, invitada por Pau Carri.

Obviamente, el video fue alterado para que mi voz, mi pelo y mi look no fueran reconocidos.  No, no tengo ese timbre agudo y cero sexy de voz. Ni soy verde, aunque es cierto que en invierno mi piel, de tan blanca, se transparenta un poco.