“Iba a elegirte para que seas Daphne, porque es linda. Pero vos querés ser Velma, porque es la lista, ¿no Mamá? “ - Mi hijo Juan, hoy a la mañana, asignando los personajes para hacer el role play de Scooby Doo & Friends.
Bernarda es perfumista.
Ayer estuve con ella en el lanzamiento de lo más nuevo del mundo de la perfumería, pleno agosto pero anticipándose al comercialmente infalible Día de la Madre.
Después de dos o tres malbecs, me preguntó si estaba, todavía, sola.
Por supuesto, no esperó que le conteste. Era una pregunta retórica que solo buscaba abrirse camino entre otros temas triviales para ganarse el espacio de filosofar, una vez más, a costa mía.
Mientras me llevaba por el túnel olfativo preparado para la ocasión y me hacía oler cada materia prima en boga, se explayó con su último diagnóstico de mi ya trillada mala suerte en el amor.
-“Se me ocurrió ayer, Vera, que el mundo funciona igual que el universo de las fragancias” – Empezó a decir, confiada.
Yo fruncí el ceño, desconcertada.
Ella siguió:
-“Mirá, para que un perfume sea clásico - es decir, trascienda en la historia – este tiene que darse bien en 3 niveles. Un solo nivel exitoso solo hace un éxito temporario y si entendés eso, yo creo que te va a ir mejor en el amor…”
- “Explicate”
-“Cuando alguien huele por primera vez una fragancia, generalmente decide la comprar por los primeros 2 a 20 segundos de percepción de la misma. Las notas que explotan en esa primera impresión se llaman Notas de Salida y son esenciales para que el consumidor se lleve el frasco del escaparate.
En tu caso, como en el de muchas, la primera impresión que das parece ser atractiva, funcionás bien en ese nivel. Sos un perfume que los hombres quieren comprar, por lo menos a primera vista, el impulso se genera, el primer acorde es vendedor”
Me doy cuenta que tengo la boca abierta del asombro. La cierro.
Me atosigo con la opulencia de un jazmín que llena todo el espacio con su aroma y sigo a Bernie a través del tunel.
Bernarda, unos pasos adelante mío, seguía hablando sola:
-“… pero para que la cosa se transforme en una elección de vida, para que alguien te adoptar como su esencia, para que alguien te vista, te lleve, te confiese, te use como carta de presentación, la primera impresión no sirve. Ese primer nivel te llevó hasta él pero él todavía te mantiene en la oscuridad.
Necesitás más. Necesitás haber dado en la tecla con las Notas de Cuerpo o de Corazón.”
Suspira y dice:
-“Fijate que para la perfumería, Cuerpo y Corazón son sinónimos”
-“Ajá” – francamente no se que opinar, aunque entiendo por qué Bernarda me está alzando la ceja al hacerme el comentario.
-“Bueno” – prosigue – “El verdadero perfume se manifiesta realmente una vez que la máscara más volátil se ha evaporado. Esa es la personalidad de la fragancia… Entonces, haciendo el paralelismo, vos te revelás, a la larga o a la corta, sin ese disfraz de primeras citas, así como sos el domingo a la mañana: tu aliento, el gusto de tu piel, tu pelo cuando está sucio, el malhumor porque tenés el sueño atrasado, la frustración de otra dieta que rompiste, el bajón de haberte traído laburo a casa.
Esa es la verdadera Vera y ahí está el primero de tus problemas. El que te adopta por impulso luego se tiene que enamorar de la no glamorosa y bastante deslucida versión tuya del día a día.”
Bernarda se acerca a las violetas y me extiende un frasco con aceite esencial de fresias. Me enbriago con esas flores que de lejos parecen tan dulces y en su versión concentrada son tan dominantes, tan opulentas. La personalidad fuerte de las fresias me ilustra eso que Bernnie me quiere decir.
Asiento y espero.
-“Finalmente, el tercer nivel es el definitivo. Es lo que sustenta. En perfumería le decimos Notas de Fondo o Value for Money. Es esa razón que justifica la compra, lo que recibo de la fragancia al final del día. Cuando un perfume es de buena calidad, modifica la piel que lo lleva, la aterciopela, la impregna.”
Abro los ojos como dos platos. Me muerdo el labio con fuerza y me dan ganas de llorar a la vez que ella sentencia:
-“Tal vez, Vera, ese sea el mayor de tus males. No sos lo suficientemente transcendente como para que te elijan. Sos solo cotillón descartable o fragancia barata que no tiene lasting.
Al final del día, no dejás residuos, ni huellas, ni nada”.