“El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad.” – William Shakespeare
La llamada
No le dijimos nada.
Ni Carla, ni Pampa, ni yo pudimos abrir la boca.
El saber cuanto iba a dolerle la noticia nos hizo concluir eventualmente que lo mejor era darle la oportunidad de hablar al mismísimo Duilio. Tiempo al tiempo. Al final, el que había sido descubierto in fraganti y a plena luz del día era él. Sabía que Carla lo había visto. Sabía que sabíamos.
El episodio “Pelirroja”, igualmente, nos acechó en forma frecuente durante la primera quincena de marzo mientras que intentábamos preparar el terreno y planear como reaccionar cuando ella se enterara – en el inminente “plan rescate” de India.
Esperábamos que Duilio se diera cita con nuestra amiga y como respuesta a la pregunta –“Amor, ¿Cómo la pasaste? – él dijera: -“Al final me fui a Mendoza y te engañé con la reina de la vendimia – o algo así.
India iba a entristecerse, nosotros a emborracharla, iban a pasar unos días, tal vez unos meses en donde todos los días íbamos a dejarle tuppers de comida en el portero o a obligarla a sacarse el jogging y a lavarse el pelo, según el caso.
Lo habitual, been there, done that.
Pero la realidad fue peor a lo que suponíamos, por supuesto:
Apenas el hombre en cuestión pisó suelos porteños llamó ciertamente a nuestra amiga.
Pero India no estaba al otro lado del teléfono. Mientras que ella compraba ropa para el gran reencuentro, el teléfono sonó en su cartera hasta que ella eventualmente vio las llamadas. Devolvió el llamado inmediatamente pero el inconsciente la hizo discar el teléfono de la casa de Duilio, no el celular.
El teléfono fue atendido al primer ring.
-“¡Hola Amor!, ¡No había escuchado el teléfono!¡Volviste! – dijo ella en un segundo, sin hacer pausa ni para dejar entrar aire a los pulmones.
- “Hola, vos debés ser India” – le dijo una mujer del otro lado.
India la cortó en seco: – “ Si, Blanca, claro que soy yo. Páseme por favor con el señor”.- respondió nuestra amiga, ansiosa, con modales discutibles, pensando que hablaba con la señora que frecuentemente limpia el hogar de su enamorado.
- “Mi nombre es Mayra” – del otro lado de la línea la pelirroja se dio a conocer. “¡Tengo tantas ganas de conocerte, Duilio me habló tanto de vos! ¡Y en su casa por todos lados hay huellas tuyas!
…..
India no recuerda mucho más, pero parece que la conversación se prolongó unos buenos 10 minutos.
Cuando cortó, temblando, apagó el celular y se dirigió a su casa.
En la computadora, al llegar, encontró un mail de Duilio que decía:
Subject: Quise avisarte.
Lamento el mal momento.
Me enamoré por primera vez. Quiero contarte.
Necesito verte. Paso a buscarte esta noche a las diez.
