5 Febrero 2010...23:44

El ex de una amiga: la historia de Alejandra

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“Mis hermanas son mis mejores amigas, mis mejores amigas son como hermanas.”  – Eloísa Monsalve

Lo bueno de la virtualidad es que te permite ampliar la mirada, conocer otras realidades, aprender a sentirse menos sola con las experiencias de los otros.
Ayer entré a Facebook y tenía este mensaje de una de mis nuevas amigas: Como no puedo revelar su nombre, digámosle Alejandra…
El mail escribía así:

 

Vera

Yo no sé si esta es una historia digna para tu blog.
Pero, por lo menos a mi, ya me ha quedado claro que soy víctima de la mala suerte serial.
Incluso le he mostrado tu blog a mis amigas y ellas coinciden conmigo: somos parte de la casta de Las Desafortunadas y nos sentimos muy identificadas con tantas historias que podrían ser las nuestras.

Ahora mismo tengo el corazón hecho añicos y ocupado por el odio. Ya se que suena feo, pero es lo que siento: ¿Se puede odiar a alguien sólo porque te hace sentir desdichada, confusa?

Tengo ganas de hablar. Quiero compartir mi historia con vos y con todos de una manera limpia y sincera. ¿Me dirás, luego, si para vos vale la pena compartirla con otros?
 
Besos grandes,
Alejandra


Pues si, Ale, es una historia digna para el blog. Acá va la primera parte:


Le conocí un verano, llamémosle, Juanjo.

Era una reunión de amigos. Él pasó la noche hablando conmigo y aunque era rubio, alto, de intensos ojos azules, mirada felina, abogado, divertido, culto, inteligente, caballero, ingenioso, gracioso y había química entre nosotros, yo no estaba muy segura de si me gustaba. Así que mi interés, digamos, era de nivel medio.

Al entrar en el pub – terraza en donde estábamos, mi amiga…llamémosle Daniela, que es chilena y estaba de visita ese verano nada más, me preguntó si Juanjo me gustaba. No estaba perdida y por eso, no fui totalmente enfática, pero si le dije que no descartaba la idea y que parecía ser un hombre bastante válido.

Entonces ella, que si ya le había echado el ojo desde el primer momento, no perdió tiempo.
Atacó sin más y terminaron besándose delante de todos.
A mí no me importó tanto, total, le acababa de conocer y ni siquiera estaba segura de mis sentimientos.
Claro que no contaba con la realidad de vivir, ambos, en la misma minúscula ciudad.
Como Daniela estaba parando en mi casa, encontrarme a Juanjo se volvió habitual y cotidiano.
En esta especie de romance veraniego, Juanjo venía a verla acompañado de un amigo y mientras que él y Daniela hacían de las suyas en el cuarto contiguo a mi living ( - y cuando digo esto imagino sexo brutal, mezclado con altos niveles de toxicidad, alcohol, desesperación y novedad - ) yo, desde mi living, evitaba los acercamientos continuos del amigo, que creía que había que hacer doblete, como si la atracción se contagiara.
Resistí todo lo que pude mientras que Daniela se quedó en la ciudad y el ritual se mantenía:
seguimos saliendo con ellos y la dupla Juanjo – Amiga se comportaba como si fueran pareja.
Fui conociendo más al hombre que iría a desvelarme en lo sucesivo y saqué la primera conclusión: Era un tipo que no trataba a todas las mujeres igual: Mientras que conmigo era todo un caballero, con Daniela se convertía en un espécimen mucho más primitivo.

Daniela regresó a su país, pero antes de eso, el harem de 4 intercambió coordenadas, mails y números de teléfono.
Empecé a encontrarme diariamente en el msn con Juanjo. Los fines de semana, incluso, me localizaba mediante mensajes de texto y llamadas. Me invitaba a fiestas con sus amigos, presentar a nuestras respectivas amistades e no tardó en proponer también salidas más íntimas como cenas y cines.
Yo lo acompañé a dos o tres salidas grupales pero ignoré durante unos meses sus propuestas de citas a solas.
Hasta que, finalmente, pasó. Me dijo que le gustaba muchísimo, que me llevaba rondando todo un verano, que sentía que había química y complicidad entre nosotros.
Yo no sabía que hacer, me sentía incómoda en la situación, puesto que ya se había acostado con mi amiga Daniela. No confiaba demasiado en alguien que hasta hacía poco tiempo declaraba su amor por otra y que ahora me decía que quién le gustó desde el primer instante fui yo.
Pero él se llenaba la boca de halagos y se deshacía en excusas, disculpándose por haber elegido el camino más corto y fácil, arrepentido de no haberme elegido en primera instancia.

No sé cómo me convenció, pero lo hizo. Y terminamos liados.

CONTINUARÁ…

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