20 Enero 2010...23:16

Los anteojos de Lana: mirando la vida con prismas de colores

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 ”No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi.” - Rayuela, Julio Cortazar

Lana ve la vida con anteojos. Pero, en lugar de ayudarla a ver mejor, sus varios pares van tiñendo su realidad de maneras diversas, volviendo sus días más o menos tolerables según el filtro a través del cual observa aquello que la rodea. Así, al cambiar de gafas pasa de feliz a triste, de pasiva a productiva, de peor a mejor y viceversa.

Cuando le toca un día de anteojos rosas aparece la Lana enamorada. De si misma, del hombre que tenga al lado (sea o no un digno merecedor de tal afecto), de la vida. En las calles citadinas escucha pájaros cantar. En plena tormenta vive románticamente el golpeteo de las gotas de lluvia contra los cristales. Los perfumes son más agradables, las flores más perfectas y los vecinos más amables. Compra regalos y cocina de dedicadamente para quienes ama. prende velas. No se siente sola. Hace dieta porque simplemente no tiene hambre. Flota, vuela, en los días de anteojos rosas.

Los días de anteojos azules acontece Lana triste. Nostálgica y depresiva llora y come compulsivamente chocolate. No quiere salir de la cama y arrastra los pies. somatiza todo y cree que se va a enfermar. En estos días siente que todo tiempo pasado fue mejor y que no hay forma de salir del espiral descendente. Los días azules Lana sufre y sufre y sufre por lo que perdió.

Claro que también existen días negros en donde despierta Lana furiosa. Delante del ciego antifaz no hay nada y la vista nublada no permite esperanza ni paz. El mundo es de una oscuridad total y en él todo se cae y se derrumba por igual. Una jaqueca es un cáncer en potencia y la pelea con una amiga es definitiva. En el mundo negro Lana no sabe pedir perdón ni aceptar una culpa: quiere destruir y tiene fuerzas para arrazar con todo y con todos. Es irónica, mordaz, perra. Está cansada, está enojada, harta, molesta.  No aguanta más y desespera.

Hay días de anteojos amarillos en donde Lana intérprete psicoanaliza e interpreta lo que ocurre según su tamiz. Hace listas de teorías conspirativas, saca conclusiones y asigna valor. Pesa, mide, registra. Cree que tiene todas las respuestas. No confía ni en su madre ni en la Biblia ni en la dieta de la luna. Anota cuidadosamente en el debe de su libro diario todo aquello que hace por los otros, esperando poder cobrar el tiempo y los recursos invertidos.

Con los anteojos verdes aparece la Lana enfrentada, enervada, envidiosa.  Con los violetas la Lana compasiva, fiel, generosa. Con los Bordeaux la payasa, fiestera, alma de las fiestas. Con los Lima la soñadora empedernida que no conecta con la realidad. Con los naranja la artista. Con los Rojos la apasionada.

En la vida de Lana hubo varios intentos frustrados de amor:

  • El príncipe encantador solo la quiso en rosa.
  • El conspirador la amó amarilla y el nostálgico compensó con adoración los anteojos cristal bordeaux.
  • El optimista la quiso rescatar del negro…

Pero ninguno de ellos la quiso en technicolor.

La amaron en una o dos de sus facetas, pero nunca por completo.  Y su historia de Mala Suerte Serial tiene que ver con no poder encontrar a ese que entienda que, finalmente, los lentes son solo lentes.
Que  fácilmente puede correrle el pelo, quitárselos y dejarlos descansando en la mesa de luz .
Al menos hasta el otro día.

Este post dedicado especialmente en su cumpleaños a @sebasp
Sin vos, Sebas, no habría blog ni Vera. Danke.

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