“A las mujeres hay que quererlas, no comprenderlas” – Oscar Wilde
Pipa conoció a Darío en la parada del colectivo.
Ella estaba demasiado sola y triste. Él no necesitó hacer mucho más que percibirlo.
Llovía torrencialmente y ella estaba tratando de encender su cigarrillo. Él la ayudó, resguardándola del viento.
-“Ahora que lo lograste, seguro viene el bondi” – le dijo.
Ella sonrió, empapada.
Él le corrió el pelo de la cara.
Ella no se resistió y 20 minutos después le ofrecía un café y una toalla seca.
Después de esa noche no se volvieron a ver.
Él estaba yendose de viaje y en su equipaje llevó una ex amante más en su haber y un CD que Pipa nunca le regaló, como souvenir.
