“I’ve found that when you want to know the truth about someone that someone is probably the last person you should ask.” – Dr House
Tania se sentó en la terraza de TGI Friday´s a esperarlo.
-“Voy a tener puesta una remera que dice “It´s not Lupus” ” – le dijo él y ella pensó que si era, al igual que ella, fan de House, adoraría la ironía y, entonces, la cosa no podía ir tan mal.
Había aceptado conocerlo por despecho. Por bronca contenida de que el objeto real de su deseo, el centro de todas sus miradas, ese tipo que la volvía loca estaba con el cartel de “libre” apagado. Ocupado por otra, ella tenía que mirar para otro lado.
Le hablaron del tipo que venía a Friday´s a almorzar todos los días, porque le quedaba cerca de la redacción. Era periodista deportivo, pero de los que trabajaban de eso.
A ella le venía bien la profesión.
Estaba cansada de los que se quedan sin palabras. Necesitaba de la dialéctica.
Pero nunca contempló los riesgos de citarse con desconocidos.
Mi amiga Tania vio venir una remera de Dr House añadida a un tipo bajo, flaco pero con panza prominente y de pelo largo atado con una bandita peluda, de las que venden en el tren.
Meneando ese pelo lacio y largo, como si fuera un habitué de la movida tropical, la identificó por su flor en el pelo y se sentó a su mesa.
Era invierno pero había sol. Decidieron quedarse mirando el río.
-“Soy el mejor periodista de Golf del mundo” – le dijo, esgrimiendo de entrada unas credenciales difíciles de probar. Y pronunció su apellido anglosajón, Twicknham, de la peor forma posible: – “Nosotros, los Tuiquenan, somo todos periodista”
Cuando Tania vio que, además, se comía las eses, se le fue el hambre. Y a ella nunca le pasa eso.
Durante una hora el almorzó y a ella se le atragantó la comida.
Él le contó (muchas veces con la boca llena de comida) , su amistad con las celebrities del deporte (- “Siempre me atienden el celular, siempre”- ), su separación (-“…Pero ni loco le dejaba la casa, así es que desde hace 2 años estoy viviendo en el estudio. Pero cada uno hace su vida, no te vaya a creé” – ), las razones por las que, a veces, el amor se acaba (- “Si, un poco como que se volvió torta, o bi, viste?”), sus preferencias a la hora de salir a la noche (- “¿Cómo nunca fuiste a América?” ).
Tania, sintiéndose morir, esgrimió excusas laborales para irse apenas él tomó aire para respirar.
Cuando llegaba a la puerta, escuchó que él le decía a la camarera:
-“A esta la voy a invitá a jugar al pool, ¡que tremendas tetas tiene!”
Tania lloró todo el camino de vuelta a la oficina.
Y hasta ahora no volvió a aceptar otra cita a ciegas.
