7 Febrero 2010

-”Necesito un tiempo” – Alejandra parte 2

Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo.” - El principito, Antoine de Saint-Exupéry

- “Y , al final, terminamos siendo pareja. O algo similar” – Así termina el primer email de Alejandra
Intrigada por como sigue esta historia, abro el segundo email, entonces…
 
Y Aleja me cuenta un poco más:

…..

Al principio yo era algo fría y distante.
Era de esperar, tomando en cuenta que la relación venía indefinida y que una va con los sentidos alertas a partir de cierta edad, cuando ya nos hemos quemado algunas veces con leche.

Sin embargo, no pude resistirme mucho, porque en la intimidad éramos dinamita.
Puro ardor, fuego y pasión combinados con altas dosis de cariño, delicadeza y ternura… por un rato.

Porque me pasó algo que nos suele pasar a Las Desafortunadas: Cuando la historia ya llevaba algo así como dos meses y medio y yo ya podía considerarme enganchada, él empezó a desaparecer.
Repentinamente, luego de la fiesta de mi cumpleaños dejó de responder a mis mensajes y se ausentó durante toda una quincena.
Cuando finalmente conversamos me pidió “un tiempo”.
Aguantando un poco lo ridículo del planteo, lo dejé ir.

Volvió a llamarme unos días más tarde, para contarme que había vuelto a hablar con su ex novia, que estaba en Bélgica – hasta en otros paises Las Desafortunadas tenemos rivales -, que estaba confundido, porque creía, – nótese el uso de la palabra “creía” – , que se estaba enamorando de mí, pero que tenia presente a esta otra mujer de la que yo nunca había escuchado hablar.

Sin dar crédito, deseando que por una vez me mintiesen, me aparté de su camino. Unos primeros días de duelo y la soledad se volvía a sentir ok.
Pero Juanjo volvió.

A pedirme que continuásemos con la relación, mientras que se aclaraba la cabeza…

CONTINUARÁ…

5 Febrero 2010

El ex de una amiga: la historia de Alejandra

“Mis hermanas son mis mejores amigas, mis mejores amigas son como hermanas.”  – Eloísa Monsalve

Lo bueno de la virtualidad es que te permite ampliar la mirada, conocer otras realidades, aprender a sentirse menos sola con las experiencias de los otros.
Ayer entré a Facebook y tenía este mensaje de una de mis nuevas amigas: Como no puedo revelar su nombre, digámosle Alejandra…
El mail escribía así:

 

Vera

Yo no sé si esta es una historia digna para tu blog.
Pero, por lo menos a mi, ya me ha quedado claro que soy víctima de la mala suerte serial.
Incluso le he mostrado tu blog a mis amigas y ellas coinciden conmigo: somos parte de la casta de Las Desafortunadas y nos sentimos muy identificadas con tantas historias que podrían ser las nuestras.

Ahora mismo tengo el corazón hecho añicos y ocupado por el odio. Ya se que suena feo, pero es lo que siento: ¿Se puede odiar a alguien sólo porque te hace sentir desdichada, confusa?

Tengo ganas de hablar. Quiero compartir mi historia con vos y con todos de una manera limpia y sincera. ¿Me dirás, luego, si para vos vale la pena compartirla con otros?
 
Besos grandes,
Alejandra


Pues si, Ale, es una historia digna para el blog. Acá va la primera parte:

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3 Febrero 2010

El club de la mala suerte serial, vacantes limitadas

“But tell me does she kiss
Like I used to kiss you?
Does it feel the same
When she calls your name?
Somewhere deep inside
You must know I miss you
But what can I say
Rules must be obeyed
” – The winner takes it all, Abba

 

Bandeja de entrada con nuevo mensaje.

De: Sofía.

Vera,

¿La mala suerte serial es algo así como que tu concubino de muchos años cancele la boda con invitaciones enviadas porque, después de ir al cine con vos a ver 2012 de repente crea en la predicción maya y te diga que – “ Total, son dos años, mejor esperemos a ver si se acaba el mundo” – y entonces se dedique a vivir la vida loca como un desquiciado que nunca antes fue e incluso venda la mayoría del ajuar que venían juntando hace tiempo por mercado libre  (incluida tu batería de cocina sin estrenar, regalo de tu abuela) y deje de pagar el departamento que venían pagando en cuotas sin avisarte?
¿O que te guste mucho un muchacho y como crees que no tiene caso – es demasiado para vos – cuando te invita a su cumpleaños vas nerviosísima y te emborrachas mal, tanto que te terminás yendote de la fiesta en sus narices con su mejor amigo y después de pasarla mal con el energúmeno premio consuelo encontrás un mensaje en el contestador de tu celular, en donde, previo a la fiesta, el objeto de tu amor te dice que se moría por verte en la fiesta y que esperaba que pases con él la noche?

¿O que vos seas dueña, junto a tu chico, de una gata siamesa llamada britney  y un día descubras en facebook fotos de una amiga” de él con TU gato tageado como “su hijo”?

¿Es eso la mala suerte serial?
Si es así, ¿aceptan más miembros en el club?
Quiero ser socia fundadora.

Besos,
Sofía

28 Enero 2010

receta para tratar con hombres celosos

 

El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad.” – Marcel Proust

Lo que pasó cuando Pampa vio plasmada la historia de Filomena en el último post es que ella, siendo la eximia contadora que es, quiso que también cuente la historia de Ernestina, simplemente para armonizar la balanza, para equilibrar el peso. Se sabe que la necesidad de equilibrio es una de las principales búsquedas de la profesión del Debe y del Haber, con lo cual no quise oponer resistencias.

Entonces, acá va, a pedido de ella:

Ernestina, hermana de Filomena, fue siempre la hermana linda.
Mientras que a Filo la querían por modosita, simpática y bien educada a ella le alcanzaba simplemente con su belleza usada como pasaporte al lado “A” de nuestros círculos sociales.
La reina de la primavera, la que siempre era invitada a bailar primero en los asaltos, la que no hacía fila y pasaba gratis en la matinée, la que tuvo novio de 5to en primer año, la liberada en el viaje de egresados.
Su sonrisa derretía el hielo más ártico, sus piernas paraban el tránsito, sus uñas rojas eran impecablemente sensuales.
Con cabello largo que comprometía la respiración de más de uno y escotes que, al provocar taquicardia segura, no eran aptos para cardíacos.
Famosa por sus polleras cortas y sus tacos de 10 centímetros, Ernestina era feliz hasta que conoció a Guillermo.

Guillermo, que una vez que la volvió “Su” Señora, la sintió parte de su propiedad. Como si, libreta de por medio, la hubiera adquirido para su consumo exclusivo.
Como poseído por un Mr Hyde celoso, empezó a fijar reglas de comportamiento, normas y manual de uso del papel de esposa fiel y responsable.

Fue así que desde que Ernestina se casó ya no pudo trabajar, ni salir con sus amigas, ni usar tacos, escotes o esmaltes rojos en sus nuevas uñas – ahora cortísimas.

Las polleras pasaron a ser largo Chanel, los colores estridentes fueron apartados del guardarropas.

Ernestina acató sin resistirse. Para ella también casarse significaba “atarse“. Ser era, de alguna manera, obedecer.

La vimos hace poco, caminando al lado de su marido, empujando el chango del supermercado.
Nos costó reconocerla: Ella, la más linda de todas, ahora una mujer en batón que era dos veces el tamaño original de la hermana de Filomena.
A tres años de casada, Ernestina lleva subidos 54 kilos de pura angustia.
 
Y Guillermo todavía vigila.
Sufre, porque no sabe como hacer para que no la mire nadie.

26 Enero 2010

Aprenda como convertirse en muñeca inflable

Ain’t no sunshine when she’s gone.
It’s not warm when she’s away.
Ain’t no sunshine when she’s gone
And she’s always gone too long anytime she goes away
“- Bill whithers

Filomena era bellísima cuando la conocí. Una pelirroja natural dueña de los ojos verdes más lindos del mundo.
Aunque no era de naturaleza provocativa tenía mañas y modales felinos que fueron los que, justamente, atrajeron a Juan hacia ella.

Juan (o, en realidad, el Dr Juan Andrés Ollarzabal, phd, cirujano plástico de las celebrities) pudo hacer a un lado las pecas, los rulos y los kilos de más de la mujer que se sentó frente a él en el bar.
Imaginósela con nuevo escote y boca rellena, con cejas arqueadas y lipo “puesta”. Y la eligió así, como quien escoge materia prima de calidad:

  • Altura correcta: Check
  • Tamaño de las manos: Check
  • Caudal de cabellera: Check

Primero fue convencerla de la depilación definitiva y del peeling químico. Luego del alisado permanente y del colágeno en los labios. Un mes después de eso Filo ya lucía algo botoxeada y con la expresión un tanto más rígida. Al verano siguiente delantera nueva y abdomen chato.
Dejé de verla ese año, se fue poniendo aburrido escuchar de intervenciones y pozos operatorios, de protección solar y dietas pre quirúrgicas.
Cuando la volví a ver, Filomena había desaparecido.

En su lugar estaba Barbie sin su color de pelo rojo zanahoria, ni sus pecas, ni su arruga de entrecejo.  Toda tuneada, toda producida, no exagero diciendo que sus ojos verdes ya no brillaban como antaño. Una amiga a base de dietas líquidas y tratamientos dermoabrasivos.

Como es de esperarse hubo un día, años después, en el que el Dr Juan Andres Ollarzabal, phd, cirujano plástico volvió a ser solo Juan. Y se aburrió de su muñeca inflada. Se enamoró de una hippie antropóloga que, trabajando para su tesis de doctorado, lo cuestionó fuertemente en sus métodos y ética.

Barbie Filomena se quedó sola solo unos días. Enseguida encontró refugio en los brazos de otro hombre que hoy también la utiliza de trofeo: no le pide opiniones, pero le regala joyas. No la escucha, pero tampoco la conoce, aunque si le da extensión de su Amex Gold.
Filomena, la que era mi amiga, se perdió para siempre.

20 Enero 2010

Los anteojos de Lana: mirando la vida con prismas de colores

 ”No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi.” - Rayuela, Julio Cortazar

Lana ve la vida con anteojos. Pero, en lugar de ayudarla a ver mejor, sus varios pares van tiñendo su realidad de maneras diversas, volviendo sus días más o menos tolerables según el filtro a través del cual observa aquello que la rodea. Así, al cambiar de gafas pasa de feliz a triste, de pasiva a productiva, de peor a mejor y viceversa.

Cuando le toca un día de anteojos rosas aparece la Lana enamorada. De si misma, del hombre que tenga al lado (sea o no un digno merecedor de tal afecto), de la vida. En las calles citadinas escucha pájaros cantar. En plena tormenta vive románticamente el golpeteo de las gotas de lluvia contra los cristales. Los perfumes son más agradables, las flores más perfectas y los vecinos más amables. Compra regalos y cocina de dedicadamente para quienes ama. prende velas. No se siente sola. Hace dieta porque simplemente no tiene hambre. Flota, vuela, en los días de anteojos rosas.

Los días de anteojos azules acontece Lana triste. Nostálgica y depresiva llora y come compulsivamente chocolate. No quiere salir de la cama y arrastra los pies. somatiza todo y cree que se va a enfermar. En estos días siente que todo tiempo pasado fue mejor y que no hay forma de salir del espiral descendente. Los días azules Lana sufre y sufre y sufre por lo que perdió.

Claro que también existen días negros en donde despierta Lana furiosa. Delante del ciego antifaz no hay nada y la vista nublada no permite esperanza ni paz. El mundo es de una oscuridad total y en él todo se cae y se derrumba por igual. Una jaqueca es un cáncer en potencia y la pelea con una amiga es definitiva. En el mundo negro Lana no sabe pedir perdón ni aceptar una culpa: quiere destruir y tiene fuerzas para arrazar con todo y con todos. Es irónica, mordaz, perra. Está cansada, está enojada, harta, molesta.  No aguanta más y desespera.

Hay días de anteojos amarillos en donde Lana intérprete psicoanaliza e interpreta lo que ocurre según su tamiz. Hace listas de teorías conspirativas, saca conclusiones y asigna valor. Pesa, mide, registra. Cree que tiene todas las respuestas. No confía ni en su madre ni en la Biblia ni en la dieta de la luna. Anota cuidadosamente en el debe de su libro diario todo aquello que hace por los otros, esperando poder cobrar el tiempo y los recursos invertidos.

Con los anteojos verdes aparece la Lana enfrentada, enervada, envidiosa.  Con los violetas la Lana compasiva, fiel, generosa. Con los Bordeaux la payasa, fiestera, alma de las fiestas. Con los Lima la soñadora empedernida que no conecta con la realidad. Con los naranja la artista. Con los Rojos la apasionada.

En la vida de Lana hubo varios intentos frustrados de amor:

  • El príncipe encantador solo la quiso en rosa.
  • El conspirador la amó amarilla y el nostálgico compensó con adoración los anteojos cristal bordeaux.
  • El optimista la quiso rescatar del negro…

Pero ninguno de ellos la quiso en technicolor.

La amaron en una o dos de sus facetas, pero nunca por completo.  Y su historia de Mala Suerte Serial tiene que ver con no poder encontrar a ese que entienda que, finalmente, los lentes son solo lentes.
Que  fácilmente puede correrle el pelo, quitárselos y dejarlos descansando en la mesa de luz .
Al menos hasta el otro día.

Este post dedicado especialmente en su cumpleaños a @sebasp
Sin vos, Sebas, no habría blog ni Vera. Danke.

11 Enero 2010

Duilio e India: el casamiento se pone en marcha

Pollerita colorada color de aji
De verde te ando pidiendo que digas si
De verde te ando pidiendo que digas si
Mita’ pa’ mi, mita’ pa’ vos
Cuando nos casemos va a llover arroz
Mita’ pa’ vos, mita’ pa’ mi
Ahi te ando deseando pero me mentis
“  – Polleritas , pero cantada por Mercedes Sosa.

Los teléfonos de India no paraban de sonar.
Pero no solo eso interrumpía el silencio: también se escuchaba, de tanto en tanto, el llanto – seguido de suspiros – seguido de algo de silencio – seguido de más llanto- en el departamento de nuestra amiga.

Aunque además de los teléfonos y lamentos también sonaba el timbre.
Desde hacía horas, tal vez días, en forma asincrónica y aleatoria llegaban envoltorios conteniendo regalos a la portería,  R.S.V.P.s confirmando o desconfirmando lugares en La Fiesta, salutaciones por correo y visitas sorpresa de amigos en común que pasaban para brindar felicitaciones.
Hubo flores, desayunos a domicilio y varias otras muestras de cariño hacia India.

Nosotras, queríamos evitar tamañas demostraciones de afecto a toda costa, pero veíamos desafiada, a cada rato, nuestra capacidad logística para contener, reaccionar, montar operativos de rechazo y/o de rescate. Definitivamente, no estábamos preparadas para este fenómeno.

Fenómeno que empezó pasado exactamente un mes del día de regreso de Duilio, cuando la mayoría de las invitaciones para el Big Day habían sido repartidas. Sucede que quienes las recibieron asumieron (erróneamente, ya a esta altura es obvio) que quien se casaría con el hombre en cuestión era India.

Pero no subestimemos a los invitados, no señor. Porque si bien la participación rezaba:
-“Duilio y Mayra participan a Usted de su enlace… Etc”, a esta altura supongo que ya todos adivinaron que “India” es solamente un sobrenombre divertido que ella lleva con elegancia. Los participados a la boda de Duilio y Mayra solamente entendieron que Mayra era solamente el verdadero nombre de nuestra desgraciada protagonista.
Fue así que ella vivió el lado oscuro de tener un apodo tan poco claro y tuvo que enfrentar no solo el duelo planteado por el abandono del sujeto que había sido objeto de su absoluto amor durante seis años sino también todos los “OHHHs” y “AHHH!” y “¿Cómo pudo?” y  “Pobrecita….” de quienes se iban enterando de que no era ella quien iba a dar el si.

Una pesadilla vuelta realidad, en pleno mes de abril.

7 Enero 2010

Salma, Estratega. Parte 2

De pocas partidas he aprendido tanto como de la mayoría de mis derrotas” – José Raúl Capablanca

Tomando el te al abrigo del aire acondicionado, en este verano fatal,  mi amiga Salma y yo teorizábamos, una vez más, acerca de las elecciones, el amor y, por supuesto, la mala suerte serial.

Pasa en el ajedrez, pasa en la vida” – dijo, mientras que sorbía de a poco su te de jengibre. -“Yo creo que entiendo a donde es que nos equivocamos una y otra vez  ”.

La miro, como desafiándola. Ella está acostumbrada a mis malos modales y me ignora elegantemente.

-“Me parece que, de modo sistemático, elegimos mal las batallas por las que vale la pena pelear.”
Y, mientras que habla, se dispone a ejemplificar, abriendo la caja del juego que ella más adora,  desdoblando el tablero y empezado, tranquilamente, a acomodar las piezas.
Sostiene a La Reina con ternura en sus delicadas manos mientras que reflexiona:

-El problema, Vera, es que las muchas veces mal llamadas “Reinas” nunca juegan a favor de si mismas. Heroicas, dejan todo por El Rey: Son excelentes compañeras y se mueven, frenéticas, en pos de su voluntad, defendiéndolo, cuidándolo, atendiéndolo.
Un rey que las ha hipnotizado por su porte erguida, por su estatus, sus modales, su brillo, su elegancia natural. Un rey que las seduce pero que no les aporta nada: son ellas las que renuncian, las que dejan todo por él. Muchas veces pareciera que el rey domina pero, fijate vos, él no tiene poder real.
Son las reinas las que salen al mundo, las que van por más, enamoradas de la idea de ser pareja del candidato ideal, ponen todo de si mismas para construir un futuro ideal, cubriendo los flancos, librando el futuro de amenazas externas.”

Acomoda a la esbelta fémea en el tablero, al lado de su rey y lo mira con recelo:
-“Mientras tanto, el Rey, limitado, contempla el hacer de su dama, critica desde la inmovilidad, gobernándolo todo desde la ignorancia de quien está en la retaguardia. No sale jamás a la realidad del mundo y, cuando se siente amenazado huye, clamando por ayuda de terceros.”

Yo aporto mi propia observación de los hechos:
-“Suele pasar que no todo lo que brilla es oro, que esa reina hubiese sido pareja de un Alfil, por ejemplo, que al menos es veloz y puede acompañarla parte del camino” – digo y sonrío altamente satisfecha con mi deducción.

Pero Salma es mucho mejor que yo y lo demuestra nuevamente cuando, como quien no quiere la cosa, se inclina sobre el tablero y selecciona a un peón negro. Saltando las casillas de una en una lo lleva hasta el extremo contrario del tablero. Levanta entonces al abnegado jugador y lo retira del juego. Pone en su lugar a La Reina y me dice con ternura:
-“No, Verita, la mejor elección es El Peón. Se que parece poco glamoroso y hasta conformista pero, observá los hechos de cerca: Un tipo igual a tantos pero capaz de cruzar el mundo por su reina. Un hombre que siempre va adelante y que no duda en arriesgarse por amor. Un caballero como los que ya no hay muchos, que, cuando es exitoso, sacrifica su vida para devolverle el lugar merecido a su mujer. Alguien que trata a la reina mejor de lo que ella se trata a si misma…”

Levanta la vista y ambas, en conjunto, resignamos el Rey.
Entiendo las metáforas.
No habíamos hablado de ajedrez en toda la tarde.

30 Diciembre 2009

Ana y las fiestas

Estoy solo y no hay nadie en el espejo” – Jorge Luis Borges

Ana odiaba las fiestas.
Le parecían una época frívola y demencial de deseos falsos a no amigos. De propósitos que nunca iban a cumplirse. De trivialidad.
Le molestaba muchísimo que hubiese un momento del año dedicado a comer de más, a sobrevivir el caos en shoppings, supermercados y afines y a llenar la agenda de planes chinos para los que las horas del día parecen no alcanzar.
La malhumoraba el calor absurdo capaz de hacer convertir la simple rutina diaria en odisea épica en la soporífera Buenos Aires.
Despotricaba cuando, frente a la llegada de Diciembre, en su trabajo se jugaba el “Amigo Invisible” que siempre la obligaba a regalarle algo a quien menos soportaba, hacían la cena de la oficina y el mejor programa posible era emborracharse gratis para no sufrir. 

Ana odiaba las fiestas por varias razones pero principalmente porque las fechas festivas la enfrentaban de una manera estrepitosa, injusta y cruel con su propia soledad.
La soledad de las reuniones de fin de año con amigos, a donde siempre era causante del número impar.
La soledad de ser interrogada por grupos de desconocidos en la forma de ex compañeros de la primaria y de la secundaria en reuniones de reencuentro en donde nadie tenía otra cosa que revolver que no fuese el pasado. Responder  – “No, ya hace 3 años que Felipe y yo no estamos más juntos, si, si, estoy bien, no te preocupes. Si, yo también pensaba en ese momento que era el hombre de mi vida pero ya ves….”
La soledad de morderse los labios para no actuar cuando escuchaba por teléfono a su viejo hablando con la parentela de Italia que no, por ahora no hay ningún bambino en la familia, que no sabe si va a vivir para ser nonno.

Ana odiaba las fiestas hasta este año en el que decidió parar:

  • No fue a ninguna de las reuniones de amigos.
  • No regaló porquerías y, en cambio, lo que compró fue para ella.
  • Avisó para que no la tengan en cuenta para el amigo invisible y, con una sonrisa, todos en la oficina comprendieron que no era algo que combinase con ella.
  • Pasó por al lado de su padre y cuando lo escuchó lamentarse,  manoteó el auricular del teléfono y le hizo saber a su tía de Italia que si querían compañía familiar, ella sugería fuertemente que se compraran una mascota.
  • A todos los que quisieron información acerca de su soltería en las diversas reuniones a las que asistió, ella les retrucó que si, que la vida era linda para las singletons y que aún soltera se divertía como loca. Además, contraatacó preguntando si era cierto que, después del casamiento, la vida sexual de las parejas se terminaba y cuánto hacía que no iban a ver una película al cine que no fuera de Disney.
  • Está comiendo sano. No dejó de ir a correr. No se endeudó con las tarjetas.
  • Abrazó a su mamá cuando este año le dijo: -“Ya te va a llegar, este es el año” – comprendiendo que ella no iba a poder librarse de su estructura.
  • Listó lo mejor del año y vio el vaso medio lleno por primera vez en mucho tiempo.
  • No se prometió ninguna cosa imposible como New Year Resolution.
  • Vio a las amigas que tuvo ganas de ver. De hecho, mañana me voy con ella a sacar fotos en San Telmo. Si nos dan ganas, claro.

¿Les conté de Ana? Ama las fiestas.

28 Diciembre 2009

Duilio e India: Enfrentarse con la realidad de que no te amó nunca

“Wednesday morning at five o’clock
as the day begins
Silently closing her bedroom door
Leaving the note that she hoped would say more
She goes downstairs to the kitchen
clutching her handkerchief
Quietly turning the back door key
Stepping outside she is free ” – She´s Leaving Home, The Beatles

La caída

Las diez llegaron tan rápido que ese día pareció tener muchas menos horas que las aceptables.

India había quedado suspendida en el mail de Duilio, como quien gravita en un espacio en donde no hay nada.

Había pasado la tarde y ella no había vuelto a pronunciar palabra. O tomado agua. O comido algo. O fumado. Inferíamos que respiraba porque la vimos parpadear un par de veces, pero ni de eso estábamos seguras.

Horas antes, alertadas del estado catatónico-emergencial de nuestra amiga por Florcita, su secretaria – que había sospechado eventualmente de que algo grave le acontecía a su jefa al notar una ausencia total de movimientos en la oficina de la gerente de marketing – Pampa y yo habíamos ido a rescatarla de su puesto de trabajo. Antes de que la crisis nerviosa llegara. Antes de que las pérdidas a lamentar sean mayores (*)

(*) Porque sabe Dios que hay algo peor que te rompan el corazón en diez mil partecitas y eso es que – además – te tilden en la oficina de ser emocionalmente inestable. Reconozco que este asunto es más dominado por Miss York pero me animo a esbozar una pequeña teoría: Si tu jefe directo (hombre o, a veces peor, mujer) te ve llorando en tu escritorio – y no hablo de escándalo publico en la recepción de la multinacional americana o delante del grupo de periodistas o arriba de un escenario… no, simple llanto solitario en el escritorio – no solo ese año no serás promovida sino que tu puesto, a partir de ese momento corre grave peligro de extinción. No importa lo buena que seas, no importa tampoco el motivo del llanto – vale lo mismo lágrima derramada por haber perdido las llaves de tu casa, por la uña quebrada, por el novio de seis años que se enamora de otra y te dice que “antes nunca estuve, así enamorado, no sentí jamás esa sensación” cantando al estilo Ortega. Es irrelevante que trates de explicar o resarcir: estás muerta, frita, acabada. Tu carrera is finished, kaput, game over.

Fue así que dejamos apartadas agendas laborales bastante complejas (algo mucho más simple de hacer para mi, que odio mi trabajo, que para Pampa, que lo adora) y llegamos a la Prestigiosa Empresa Americana de Consumo Masivo en busca de India.

La arrastramos al auto como pudimos y la llevamos al departamento en donde vive, mientras que teorizábamos sobre la hoja impresa del último mail de Duilio y ella, con leves – casi imperceptibles – asentimientos o negaciones de cabeza que nos respondían las preguntas que iban aclarando los hechos.

Cuando a las diez Duilio tocó el timbre estábamos las tres custodias (Carla había llegado también, claro) de India un poco abatidas porque no conseguíamos determinar qué sugerir, proponer, aconsejar a nuestra amiga.

Pero el sonido del timbre la despabiló y ella, casi dignamente, se levantó, agarró cartera y puchos y se dirigió hacia la puerta.

Y solo dos horas después, volvió a escucharse la voz de India, temblorosa, cuando de vuelta de su encuentro con el desamor, nos dijo, todavía azorada:

-“No solamente está enamorado. No. Además va a casarse en tres meses”.

Nos quedamos en silencio unos minutos, mirándola. Ella retomó la palabra, entonces:

-“Y quiere que sea testigo de su casamiento” –

Y la vimos caer al piso, desmayada.